En el periodo calificado como
revolución mexicana los líderes de grupos (que en realidad eran pequeños
hacendados) para evitar perder sus pertenencias se cobijaban de un personaje o
más reconocido o más bragado.
Personalidades de aquella época y que aseguraban
cierto poder y por esa cualidad eran asediados, se pueden citar a Francisco I. Madero,
Victoriano Huerta, Pancho Villa, Emiliano Zapata, Venustiano Carranza, Álvaro
Obregón.
El apóstol de la democracia mexicana,
por ejemplo, Francisco I. Madero, tiró sus alianzas en Guerrero con la familia Figueroa.
Al parecer lo que le llamó la atención a quien derrocó la dictadura a través de
unas elecciones fue que eran varios primos y hermanos los que controlaban
(dicen que le entraron a la revuelta) la entidad.
Madero entendió que aunque había
ganado con una alta votación al dictador Díaz estaba obligado a tender
alianzas, principalmente con el grupo que le había llevado al poder y que traicionó
a al general Porfirio Díaz. Me refiero a los científicos encabezado por
Limantour.
La traición es una constante entre
grupos que hacían política. Era “normal” que en poco tiempo cambiaran de líder.
De un momento a otro se hacían llamar maderistas, huertistas, villistas,
zapatistas, carrancistas u obregonistas. Dependiendo de quién obtenía o mayores
triunfos en el campo de batalla o ganara la presidencia.
La revolución mexicana es un claro
paradigma de que en política se persigue beneficios personales.
Tampoco es tema exclusivo de los
mexicanos esa manera de realizar alianzas. En realidad se forjan en todas las
naciones y en distintos lugares.
Algunos comentaristas descalifican las
alianzas con la palabra pragmatismo. O con la frase “sólo buscan el poder por
el poder mismo”. Cuando en política es precisamente lo que se persigue: el
poder. Y para ese objetivo, ni modo, se vale todo.
En las últimas semanas, aquí en
Chilpancingo, el personaje que ha desplegado una precampaña para la gubernatura
ha sido Mario Moreno Arcos, actual presidente municipal de Chilpancingo.
La fuerza de Moreno Arcos obedece a
una popularidad, consecuencia de su acercamiento con la gente, así como por su
trabajo político. Además a su relación con personajes de la política nacional.
Tal ha sido su despliegue, aceptación y posible triunfo como candidato en la
interna del PRI que hasta algunos perredistas como Odilón Romero y Marcos
Matías Alonso ya lo están apoyando. Aquí el beneficio es mutuo.
El otro adversario para la gubernatura
es Cuauhtémoc Salgado Romero, quien no se ha mostrado hábil en las lides
políticas, sino que más bien, parece, obedece las indicaciones de la familia
Figueroa.
Si Mario Moreno busca decididamente la
candidatura a gobernador, la posición de Salgado Romero, sólo se antoja como
una moneda de cambio.
Es decir, Moreno Arcos busca alianzas
en cualquier sitio, como lo muestra el nombramiento de síndico en la persona de
Marco César Armenta Adame, gente identificada con el grupo de Héctor Astudillo
Flores; mientras que los Figueroa se presentan con una figura para ver qué
negocian. revistaa@yahoo.com
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