miércoles, 3 de julio de 2013

La necesaria alianza política

Con el arribo de la alternancia política las alianzas se vieron obligadas a mutar, pasaron de endógenas y hexógenas, y, ahora también se han diversificado.

En el periodo calificado como revolución mexicana los líderes de grupos (que en realidad eran pequeños hacendados) para evitar perder sus pertenencias se cobijaban de un personaje o más reconocido o más bragado.

Personalidades de aquella época y que aseguraban cierto poder y por esa cualidad eran asediados, se pueden citar a Francisco I. Madero, Victoriano Huerta, Pancho Villa, Emiliano Zapata, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón.

El apóstol de la democracia mexicana, por ejemplo, Francisco I. Madero, tiró sus alianzas en Guerrero con la familia Figueroa. Al parecer lo que le llamó la atención a quien derrocó la dictadura a través de unas elecciones fue que eran varios primos y hermanos los que controlaban (dicen que le entraron a la revuelta) la entidad.

Madero entendió que aunque había ganado con una alta votación al dictador Díaz estaba obligado a tender alianzas, principalmente con el grupo que le había llevado al poder y que traicionó a al general Porfirio Díaz. Me refiero a los científicos encabezado por Limantour.

La traición es una constante entre grupos que hacían política. Era “normal” que en poco tiempo cambiaran de líder. De un momento a otro se hacían llamar maderistas, huertistas, villistas, zapatistas, carrancistas u obregonistas. Dependiendo de quién obtenía o mayores triunfos en el campo de batalla o ganara la presidencia.

La revolución mexicana es un claro paradigma de que en política se persigue beneficios personales.

Tampoco es tema exclusivo de los mexicanos esa manera de realizar alianzas. En realidad se forjan en todas las naciones y en distintos lugares.

Algunos comentaristas descalifican las alianzas con la palabra pragmatismo. O con la frase “sólo buscan el poder por el poder mismo”. Cuando en política es precisamente lo que se persigue: el poder. Y para ese objetivo, ni modo, se vale todo.

En las últimas semanas, aquí en Chilpancingo, el personaje que ha desplegado una precampaña para la gubernatura ha sido Mario Moreno Arcos, actual presidente municipal de Chilpancingo.

La fuerza de Moreno Arcos obedece a una popularidad, consecuencia de su acercamiento con la gente, así como por su trabajo político. Además a su relación con personajes de la política nacional. Tal ha sido su despliegue, aceptación y posible triunfo como candidato en la interna del PRI que hasta algunos perredistas como Odilón Romero y Marcos Matías Alonso ya lo están apoyando. Aquí el beneficio es mutuo.

El otro adversario para la gubernatura es Cuauhtémoc Salgado Romero, quien no se ha mostrado hábil en las lides políticas, sino que más bien, parece, obedece las indicaciones de la familia Figueroa.

Si Mario Moreno busca decididamente la candidatura a gobernador, la posición de Salgado Romero, sólo se antoja como una moneda de cambio.

Es decir, Moreno Arcos busca alianzas en cualquier sitio, como lo muestra el nombramiento de síndico en la persona de Marco César Armenta Adame, gente identificada con el grupo de Héctor Astudillo Flores; mientras que los Figueroa se presentan con una figura para ver qué negocian. revistaa@yahoo.com

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