Ayer (22 de julio) se publicó una enorme
fotografía con los hijos de quienes detentan poder en Guerrero. La familia
Aguirre y la dinastía Figueroa. Van en alianza: uno, Aguirre Herrera, a la
presidencia municipal de Acapulco, y, Figueroa Smutny a una senaduría o diputación
federal, o lo que quiera el señor.
Son diferentes porque pertenecen
a distintos partidos, pero les da identidad el mismo interés: disfrutar del
poder y conservar beneficios económicos.
Figueroa sigue siendo el gran
mandón en Guerrero porque posee poder económico y autoridad política. Aguirre
ostenta poder político y desea equidad en el otro tema.
Quien, al parecer olió (o de
plano le dijeron) sobre ese concordato fue Armando Ríos Piter porque con
anterioridad -escasos días- cantó acompañar a Aguirre Herrera a la presidencia
municipal del puerto. Es decir, Grupo Guerrero, está sin candidato a la
gubernatura y continúa su pleito con el gobernador.
La otra lectura es que Ríos Piter
ya está sin la mejor congregación política del PRD: Grupo Guerrero. Y éste a su
vez carece de un candidato con fuerza.
Ríos Piter prefirió declinar
antes de sufrir mayores daños.
Una de las artífices de esa
posible alianza de los juniors es Claudia Walton, hija de Luis Walton,
presidente municipal de Acapulco, quien también desea ser candidato a
gobernador.
Si Rubén Figueroa Alcocer ya dio
indicaciones (tanto al hijo como a su clan) entonces ya casi está todo
definido. No creo que sus ahijados figueroístas quieran brincar o protestar.
Si apoyan a Aguirre Herrera para
la presidencia municipal de Acapulco es probable que en ese pacto el siguiente
presidente municipal sea Figueroa Smutny.
Y como el tercero, o sea Walton
(Luis o Claudia) tuvo (tuvieron) la capacidad de conciliación de dos enormes
grupos políticos es altamente probable que lo apoyen rumbo a la gubernatura.
La política, la real, la
verdadera es la que armoniza y los Walton lo lograron.
Los priistas, en estos momentos
están atónitos por esa “jugada maestra” de Aguirre y Figueroa. Con eso no
logran la unidad y se aleja, tal vez por el momento, su ansiado regreso a
dirigir los destinos del estado.
Decenas de perredistas se
encuentran turulatos, me refiero a los que vienen deleitándose del poder. Quien
se adelantó, olfateó o le dijeron fue Sebastián de la Rosa, diputado federal y
candidato a gobernador por el PRD, al solicitar una alianza con Movimiento
Ciudadano rumbo a 2015.
Para las cúpulas políticas, en la
situación que describo, sólo se requiere esperar el día de la elección para
legitimar el triunfo.
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