En una de las últimas
entrevistas el ex gobernador de Guerrero Ángel Aguirre Rivero recordó sobre el
quehacer de la política “se deja de hacer hasta que realmente el personaje o
actor muere”.
La frase iba a
dirigida a grupos que también hacen política porque sentenciaba que
políticamente (perdón por el perogrullo) Aguirre Rivero “ya estaba muerto” a
raíz de los acontecimientos de Iguala cuya consecuencia llegó un permiso como gobernador en octubre
de 2014.
En el sistema político
mexicano el que es presidente en turno posee fuerza política y la hace valer.
Les recuerdo algunos nombres: Obregón, Calles, Cárdenas, Alemán, Echeverría,
Salinas.
Cada quien le imprimió
su sello al momento de gobernar; le ayudó a conservar la presidencia la “cultura a la lealtad en la investidura”
y la disciplina partidaria.
A Aguirre le queda
fuerza por su relación política con el actual poder ejecutivo. Ha declarado
sobre su actuación en los trágicos sucesos de Iguala frente a legisladores,
pero no en presencia de una autoridad judicial. Y eso indica resguardo.
Con ese halo,
recientemente, el ex gobernador deslizó la idea de que iba a regresar al ámbito
político en territorio guerrerense. Durante el gobierno de Rogelio Ortega, Aguirre, ya había declarado su reactivación. Actividad a la que tiene derecho porque no se le ha encontrado
alguna relación con aquellos acontecimientos.
Pero los grupos que
también hacen política en Guerrero han movido sus piezas para impedir que regrese al
ejercicio de la toma de decisión o siquiera influir.
Tiene sus
simpatizantes y muchos colaboradores, eso no se puede negar. Es un personaje
que sabe cómo es la política.
Ante el anuncio de que
Aguirre retorna a Guerrero comenzaron a fluir comentarios de que presenta
irregularidades financieras durante su trienio como gobernador.
La interrogante ¿será
que el poder ejecutivo le tenga credibilidad a un personaje que se supone se
encuentra estigmatizado? Casi nos encontramos en los albores de la sucesión y
lo emplearía en la tarea de conseguir votos, pero… también ya está el declive natural
del poder presidencial.
Quienes se encuentran
en una etapa de bajo perfil son los Figueroa. Y continúan en la política a pesar del fatídico Aguas Blancas en junio de 1995 donde resultaron muertes 17 campesinos. Esto
lo agrego para reforzar la frase de Aguirre Rivero de que (interpreto) nadie
está muerto en política, hasta que deja de respirar.
Su futuro lo están construyendo con otro Rubén Figueroa y de apellido materno Velasco. Es joven, además carismático, instruido y lo refleja en algunos escritos. Buen orador. Por lo tanto presenta prendas.
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