David Martínez Téllez
Los problemas agudos que aquejan a
la entidad, se ha dicho, corresponden al gobierno federal, principalmente la
inseguridad y, porque no, la movilización de los docentes. Otro conflicto que
ha asomado y preocupó a una parte de la élite política nacional y a
inversionistas extranjeros fue el surgimiento de la autodefensa de algunas
comunidades; pero eso no es suficiente para declarar ingobernabilidad en la
entidad. La real ingobernabilidad política se establece cuando las reyertas
entre políticos, por lo general el local contra otro con rango nacional, es
álgida.
Eso no sucede en Guerrero. Además y
principalmente, esto, el gobernador Ángel Aguirre Rivero es altamente estimado
por el poder ejecutivo, para lo cual, políticamente es i-n-a-m-o-v-i-b-l-e. En
la jerga política se describe como influyente.
En este ejercicio de comparación
voy a ser demasiado escueto y recupero dos episodios en donde trato de
demostrar que los cambios políticos son resultado de las diferencias entre la
clase gobernante. Todavía no llegamos al estadio en donde la población enardecida
destituye o cambia a su gobernante.
La caída de Rubén Figueroa Alcocer
de la gubernatura en 1996, desde mi perspectiva, obedeció al conflicto que
suscitaron el ex presidente, Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y el
presidente Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000). Salinas quiso encumbrarse
o estar detrás del trono y Zedillo ya no lo dejó, impuso su investidura.
Me ubico en el periodo de partido
hegemónico. El PRI en el 88 percibió socialmente que había perdido la
presidencia. Para hacer legal el proceso, Manuel Bartlett Díaz (hoy diputado
federal por el PT, apoyado por López Obrador), entonces secretario de
gobernación, dijo que se había caído el sistema electoral; meses después, de
manera prodigiosa, surge un incendio en la Cámara de Diputados Federal
precisamente en donde se resguardaba la papelería electoral de ese cuestionado
año. Desaparecieron las pruebas.
No habría manera de acreditar
documentalmente lo que había sucedido. Un año después el mismo gobierno federal
editó un libro donde justificaba el triunfo con datos de cada una de las
casillas. El triunfo era legal porque también las autoridades electorales
(todavía más identificadas con el partido en el poder) confirmaron el triunfo
de CSG. Gobiernos extranjeros reconocieron la victoria de Salinas, uno de ellos
fue Fidel Castro, con lo cual legitimaron la derrota del perdedor, Cuauhtémoc
Cárdenas Solórzano.
Ahora que encarcelaron a Elba
Esther Gordillo, se ha recordado la manera en que Salinas se legitimó en el
poder con el derrocamiento de Joaquín Hernández “La Quina” en el sector
petrolero y de Carlos Jonguitud Barrios en el gremio educativo. Con esa acción
Salinas ganó popularidad, entre otros temas, el derroche en ambos personajes
era un insulto social. Igualito que le están aplicando a la Gordillo.
Salinas al final de su mandato
intentó reelegirse tanto en su persona como con su grupo. Se lo impidieron los
otros equipos priistas. Y de esa situación le impusieron a Ernesto Zedillo
Ponce de León como candidato a la presidencia. De inmediato se disgustaron los
bandos a tal grado que Salinas se puso en huelga de hambre y luego tuvo que
salir del país.
Zedillo en el mando presidencial
tenía que ejercer su fuerza y eliminó a todo lo que recordara la presencia de
Salinas y uno de los damnificados políticos fue Figueroa Alcocer. Los medios de
comunicación, siempre aliados del presidente en turno, jugaron su papel de
difusor de un acontecimiento en donde hubo acontecimientos trágicos.
El otro momento “histórico” fue el
pleito entre el general Raúl Caballero Aburto y Donato Miranda Fonseca. El
primero gobernador derrocado en 1960 y el segundo, en ese momento, secretario
particular del presidente Adolfo López Mateos.
Miranda Fonseca ansiaba ser gobernador
de su estado, pues es oriundo de Chilapa. Caballero se resistió hasta donde
pudo, pero pudo más la fuerza del poder ejecutivo que el estatal.
Las entrevistas que nos ofrece
Héctor Contreras Organistas de los testigos presenciales del “movimiento del
60” pone en duda el liderazgo y compromiso social de muchas personas que hoy se
ostentan como luchadores sociales.
La confrontación de opiniones de
los entrevistados deja ver que “alguien” (ahora le identifican como la mano que
mece la cuna) alimentó la inestabilidad social, por supuesto que también estaba
en la mesa de debates la historia “llena de sangre” del general Aburto y que se
pudo aprovechar para desacreditarlo.
Pero pesó más el conflicto político
de dos personajes para que cayera Caballero Aburto.
Con Aguirre no va a suceder nada.
Al contrario es altamente estimado por el presidente y como éste ha actuado
como debe hacerlo un político: con fuerza (el golpe político a Elba Esther
Gordillo y la advertencia de que no habrá impunidad) y acuerdos políticos con
los principales partidos (el pacto por México), pues el mandatario de Guerrero, a pesar de
haberse afiliado y competido contra su partido (PRI), es el gobernador más
influyente del país. revistaa@yahoo.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario