miércoles, 6 de marzo de 2013

Aguirre gobernador influyente


David Martínez Téllez

Los problemas agudos que aquejan a la entidad, se ha dicho, corresponden al gobierno federal, principalmente la inseguridad y, porque no, la movilización de los docentes. Otro conflicto que ha asomado y preocupó a una parte de la élite política nacional y a inversionistas extranjeros fue el surgimiento de la autodefensa de algunas comunidades; pero eso no es suficiente para declarar ingobernabilidad en la entidad. La real ingobernabilidad política se establece cuando las reyertas entre políticos, por lo general el local contra otro con rango nacional, es álgida.

Eso no sucede en Guerrero. Además y principalmente, esto, el gobernador Ángel Aguirre Rivero es altamente estimado por el poder ejecutivo, para lo cual, políticamente es i-n-a-m-o-v-i-b-l-e. En la jerga política se describe como influyente.

En este ejercicio de comparación voy a ser demasiado escueto y recupero dos episodios en donde trato de demostrar que los cambios políticos son resultado de las diferencias entre la clase gobernante. Todavía no llegamos al estadio en donde la población enardecida destituye o cambia a su gobernante.

La caída de Rubén Figueroa Alcocer de la gubernatura en 1996, desde mi perspectiva, obedeció al conflicto que suscitaron el ex presidente, Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y el presidente Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000). Salinas quiso encumbrarse o estar detrás del trono y Zedillo ya no lo dejó, impuso su investidura.

Me ubico en el periodo de partido hegemónico. El PRI en el 88 percibió socialmente que había perdido la presidencia. Para hacer legal el proceso, Manuel Bartlett Díaz (hoy diputado federal por el PT, apoyado por López Obrador), entonces secretario de gobernación, dijo que se había caído el sistema electoral; meses después, de manera prodigiosa, surge un incendio en la Cámara de Diputados Federal precisamente en donde se resguardaba la papelería electoral de ese cuestionado año. Desaparecieron las pruebas.

No habría manera de acreditar documentalmente lo que había sucedido. Un año después el mismo gobierno federal editó un libro donde justificaba el triunfo con datos de cada una de las casillas. El triunfo era legal porque también las autoridades electorales (todavía más identificadas con el partido en el poder) confirmaron el triunfo de CSG. Gobiernos extranjeros reconocieron la victoria de Salinas, uno de ellos fue Fidel Castro, con lo cual legitimaron la derrota del perdedor, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

Ahora que encarcelaron a Elba Esther Gordillo, se ha recordado la manera en que Salinas se legitimó en el poder con el derrocamiento de Joaquín Hernández “La Quina” en el sector petrolero y de Carlos Jonguitud Barrios en el gremio educativo. Con esa acción Salinas ganó popularidad, entre otros temas, el derroche en ambos personajes era un insulto social. Igualito que le están aplicando a la Gordillo.

Salinas al final de su mandato intentó reelegirse tanto en su persona como con su grupo. Se lo impidieron los otros equipos priistas. Y de esa situación le impusieron a Ernesto Zedillo Ponce de León como candidato a la presidencia. De inmediato se disgustaron los bandos a tal grado que Salinas se puso en huelga de hambre y luego tuvo que salir del país.

Zedillo en el mando presidencial tenía que ejercer su fuerza y eliminó a todo lo que recordara la presencia de Salinas y uno de los damnificados políticos fue Figueroa Alcocer. Los medios de comunicación, siempre aliados del presidente en turno, jugaron su papel de difusor de un acontecimiento en donde hubo acontecimientos trágicos.

El otro momento “histórico” fue el pleito entre el general Raúl Caballero Aburto y Donato Miranda Fonseca. El primero gobernador derrocado en 1960 y el segundo, en ese momento, secretario particular del presidente Adolfo López Mateos.

Miranda Fonseca ansiaba ser gobernador de su estado, pues es oriundo de Chilapa. Caballero se resistió hasta donde pudo, pero pudo más la fuerza del poder ejecutivo que el estatal.

Las entrevistas que nos ofrece Héctor Contreras Organistas de los testigos presenciales del “movimiento del 60” pone en duda el liderazgo y compromiso social de muchas personas que hoy se ostentan como luchadores sociales.

La confrontación de opiniones de los entrevistados deja ver que “alguien” (ahora le identifican como la mano que mece la cuna) alimentó la inestabilidad social, por supuesto que también estaba en la mesa de debates la historia “llena de sangre” del general Aburto y que se pudo aprovechar para desacreditarlo.

Pero pesó más el conflicto político de dos personajes para que cayera Caballero Aburto.

Con Aguirre no va a suceder nada. Al contrario es altamente estimado por el presidente y como éste ha actuado como debe hacerlo un político: con fuerza (el golpe político a Elba Esther Gordillo y la advertencia de que no habrá impunidad) y acuerdos políticos con los principales partidos (el pacto por México), pues el mandatario de Guerrero, a pesar de haberse afiliado y competido contra su partido (PRI), es el gobernador más influyente del país. revistaa@yahoo.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario