sábado, 9 de marzo de 2013

Iba odio vs maestros; ahora indulgencia política


David Martínez Téllez

El objetivo para aplicar la fuerza pública contra el magisterio no ha cambiado. Lo que está mutando es la estrategia.

Diversos sectores se están manifestando a favor de un desalojo cuyo origen se encuentra en las protestas magisteriales.

La disyuntiva es: pacífica o violenta. La tercera opción la han implementado algunos diputados a través de la aplicación de la ley, principalmente porque entraron de manera impulsiva a una reunión en un recinto alterno y además porque de forma iracunda (portando palos) retuvieron a 6 diputados locales.

De esa efusiva detención, los maestros, obtuvieron la firma de un debate a celebrarse en el Zócalo de Chilpancingo bajo el tema de la reforma educativa.

Los legisladores no acudieron a dicha controversia porque fue obligada y en respuesta se ha interpuesto una demanda ante quien resulte responsable. Dicha acción jurídica no ha sido consensada entre los diputados, pero algunos de ellos la reivindican sólo porque utilizaron métodos violentos.

El Estado le otorga al gobierno la facultad legal del uso de la fuerza con la finalidad de conservar la paz y tranquilidad de una comunidad.

Los maestros con sus movilizaciones la han perturbado. Se percibe un secuestro de las actividades en la capital.

Se puede localizar que la demanda de los maestros no es por quitar la evaluación, sino por impedir que del resultado de ese examen, les cancelen el empleo. Al parecer piden una segunda o tercera oportunidad, para reivindicarse. Sin embargo, la iniciativa ha sido votada y aprobada por el Congreso Federal.

Es decir, que el conflicto no es legal sino político. En otras palabras, el magisterio muestra su músculo paralizando actividades de diversa índole ante una postura legal.

Desde la visión de un abogado debería aplicarse la ley y punto. La perspectiva política se inclina por el diálogo, la negociación, lo cual obliga a rebasar lo jurídico.

Las advertencias o amenazas de perder el semestre o de no cubrirles su quincena hasta las demandas jurídicas contra los maestros son métodos para intentar resquebrajar un movimiento. Al parecer no funcionaron.

Cuando el gobierno anunció que no podía cubrir salarios no solamente de los maestros sino de la mayoría de las instituciones, el odio contra los maestros se patentizó. Además la actividad económica de otros sectores se iba a ver afectada.

Aquel sentimiento de cierta solidaridad a favor de los profesores se estaba mutando hacia rencor. Para acrecentar la animadversión se utilizó a algunos medios de comunicación, con mayor énfasis los electrónicos.

El ambiente se estaba propiciando para el uso de la fuerza pública. La sociedad se había colocado en el hartazgo contra los docentes.

Si dejaba de pagar el gobierno salarios a la gran mayoría de su población (burócratas) se podía vislumbrar el escenario de un enfrentamiento entre sociedad y magisterio. También los comerciantes se iban a molestar.

Primero sería un intercambio verbal y luego exacerbado el ambiente podría caerse en provocaciones y después en choques físicos. A nadie le convenía esta situación. Y menos al gobierno.

Cambiaron la estrategia, pero no el objetivo. Van a pagar las quincenas para que se ofrezca el mensaje de un gobierno indulgente. Con esa acción gana legitimidad el gobierno y pierde el magisterio porque se lleva en mente que triunfaron y fueron capaces de doblegarlo, pero estará el consciente colectivo a favor de quienes gobiernan porque han platicado con líderes magisteriales y éstos han contestado con métodos con tientes violentos: cierre de avenidas y toma de edificios.

El mensaje que recibe la sociedad es de un gobierno benévolo, pero no frente a un magisterio, sino hacia los otros sectores que van a presionar para que se utilice la fuerza pública contra los maestros.

Al parecer todavía no están maduras las condiciones, pero se están creando. Apunto otro dato de la intransigencia magisterial: pedían una entrevista con el gobernador. Ya se realizó y ahora exigen más. La imagen social que recibimos es de voracidad de los líderes magisteriales. Por lo tanto, que se aplique la ley y que el gobierno haga uso de lo que la Constitución le faculta.

El sector educativo tiene que ser sometido a constantes evaluaciones. Desde hace una década, por ejemplo, los médicos generales y también los especialistas, cada dos años se someten a criterios de evaluación. De no aprobarse les retiran sus licencias. El caso más conocido es el de cirujanos plásticos.

Los colegios de ingenierios y arquitectos realizan actividades similares para actualizar a sus miembros y que sean profesionales.

Los maestros preparan el futuro de un país, es en ese sentido que se requiere que constantemente sean evaluados. revistaa@yahoo.com

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