jueves, 23 de febrero de 2017

Transparencia, ASF, Rogelio Ortega


En estos últimos días la Auditoría Superior de la Federación (ASF) ha ofrecido información del gasto de recursos en diferentes instituciones y gobiernos estatales.

La autonomía de la ASF se establece en 1999. Y decenas de años anteriores (más de 100) ya se encontraba legislado que diversas instituciones tenían la obligación de revisar el gasto del gobierno federal y estatales.

El encargo era revisar y denunciar pero no castigar, porque esas dependencias habían sido creadas por el poder legislativo. Esta institución era, con mayor acendramiento, un apéndice del gobierno federal y con mayor énfasis en la mayor parte del siglo pasado.

Hasta que hubo visos de alternancia en el poder ejecutivo federal es que (¡qué coincidencia!) se crea, con autonomía, la Auditoría Superior de la Federación, quien ahora sí está dando resultados de las fechorías de muchos gobiernos estatales y de instituciones federales.

Subrayo el año de creación porque en la era priista estuvo marcada por la impunidad. Al arribo de un gobierno de otro partido en la conducción del país ahora se le podían fincar responsabilidades por uso indebido del erario.

No eran castigos ejemplares, pero quedaba exhibido ante la opinión pública como un ladrón.
Algunos sectores académicos y políticos exigen que la ASF debe tener otras o más facultades para no quedarse en denuncias públicas, sino con las pruebas que ha recaudado llevar el caso ante tribunales judiciales.

Me parece que aunque le otorguen facultades a ASF el problema de “castigo” a los delincuentes políticos por uso indebido del erario no va culminar porque estos asuntos se resuelven políticamente.

La comprobación de la anterior hipótesis la observaremos en el tema Guerrero con el ex gobernador, Rogelio Ortega Martínez. Es decir, lo salvarán. A pesar de que haya cometido, de acuerdo a una versión periodística, un desvío ‘justificado’ de dinero etiquetado.

Palabras más frase menos el ex gobernador dijo que de acuerdo a la norma no debió tocar el recurso, pero lo hizo con el argumento de que tenía que amainar el descontento social, tuvo que pagar salarios. Porque ese era su objetivo: evitar conflictos.

Para los juristas ese desvío de dinero (se comenta que es de 4 mil millones de pesos) es un delito. Para la política fue una decisión que, incluso, pudo haber estado aprobada por otras instancias.

Desde una visión política tiene mayor peso el acuerdo de las cúpulas que la observancia legal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario