Deduzco que Donald Trump incursiona en la política de una manera
desesperada por observar que los negocios no obtienen las ganancias de otras
décadas.
Trump, como ahora se comprueba, jamás ha hecho política, y sí negocios.
Es empresario, pues.
En política no es suficiente ser líder o un triunfador, requieres de
un equipo de trabajo, en donde cada persona debe ser extraordinario en su
perfil.
Juntos, si funcionan en las directrices que indica el “jefe”,
ofrecerán buenos resultados.
Una de las preocupaciones del político es velar por el bien común.
Si
desvía este objetivo es inminente que tendrá consecuencias funestas.
Y esto último es lo que está llevando a cabo Trump en su presidencia.
Si bien es empresario y sabe negociar; sus acuerdos no van dirigidos a
políticas públicas en beneficio social, sino más bien, persiguen provechos
empresariales.
Por ejemplo, el famoso muro, como bien lo explicó Carlos Slim (también
empresario) va a ofrecer cientos de empleos.
De acuerdo con su línea empresarial trata de atraer a otros
administradores para concretar negocios alejándose de necesidades sociales.
Trump desde la envidiable posición política administra el dinero
público de los norteamericanos para trabar más actividades comerciales. Pero
hasta el momento no se le conoce una estrategia dirigida a la sociedad, salvo
aquella frase en donde dijo que iba disminuir impuestos.
Así como anunció la construcción de un muro y no especificó cómo, de
esa misma manera pronunció que bajaría impuestos.
Trump llegó al poder, efectivamente para utilizarlo, en sus propósitos
como empresario. Cree que con su aliados, también negociantes o comerciantes,
va establecer acuerdos con otros gerentes en donde lo que se puede observar es
que Trump desea imponer su criterio.
Y así piensa porque cree, engañosamente, que tiene el poder del mundo.
Tiene el poder atómico. Copelas o cuello.
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